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Nota de Infosur - Viernes 28 de Agosto de 2009


CIUDAD DE BUENOS AIRES - CRÓNICA DE LA DEVASTACIÓN MACRISTA

Cómo acabar de una vez por todas con la cultura

» Por Candela Vidal - Eugenia Schvarztman / Frente Cultural Proyecto Sur

La derrota del Fino Palacios, no mermó el poder de fuego de los francotiradores del gobierno macrista. En el centro del teleobjetivo aparece una nueva victima de su política: el Circuito de Espacios Culturales.

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Desde sus inicios el actual Gobierno de la Ciudad carga con una extensa lista de recortes a los bienes y servicios culturales: cierre de espacios barriales, clausura de clubes y bares musicales, sueldos adeudados a los trabajadores del Complejo Teatral, despidos en el teatro Colón, situaciones edilicias escandalosas en las escuelas de formación artística de la ciudad y recortes de presupuesto para subsidios a emprendimientos culturales. Apenas un resumen. Y una conclusión: desarrolla una política anticultural.

Se repite la matriz del vaciamiento aplicada en materia de salud, educación y vivienda. El acceso a la cultura se convierte en un derecho cada vez más inalcanzable. 

Actualmente dos espacios dependientes del GCBA están al borde de la desaparición.
El Centro Cultural del Sur en Barracas y el Centro Cultural Plaza Defensa en San Telmo, que forman parte del Circuito de Espacios Culturales. Este programa cuenta con 8 sedes que promueven producciones escénicas, ciclos de música, proyecciones de cine, seminarios de producción y talleres de distintas disciplinas; muestras de artes visuales, espectáculos de danza, circo y malabares e impulsan la difusión de espectáculos locales, en salas con amplia capacidad, la posibilidad de excelente equipamiento técnico y buena difusión.

Del Circuito también participan los Centros Culturales Adán Buenosayres ubicado en Parque Chacabuco,  Resurgimiento en la Paternal y Marcó del Pont en Flores;  los Espacios Culturales Carlos Gardel de Chacarita y Julián Centeya  de Boedo y el Complejo Cultural Chacra de los Remedios de Parque Avellaneda.

Estos espacios, a pesar de su enorme potencialidad (todas las actividades que allí se realizan son gratuitas para el público), fueron quedando relegados a lo largo de las ultimas gestiones. Ahora a la desidia, se suma un ataque deliberado.

Para los trabajadores de esos espacios es difícil sostener la programación debido a las condiciones estructurales de precariedad: el Gobierno sólo destina el presupuesto necesario para los sueldos (la mayoría de los trabajadores contratados durante años) y no se destinan recursos para infraestructura, limpieza, mantenimiento o difusión.

Estos espacios son predios de más de 400 m2 con salas de espectáculos, auditorios, galerías de exposiciones, espacios verdes o al aire libre y elementos de escenotécnica de cierta impronta. Sin embargo, el descuido y la falta de apoyo los obliga a reducir su programación. Además no se realizan las mejoras edilicias necesarias en materia de acustización, calefacción y reparación de techos (las goteras han llegado a significar inundaciones en algunos espacios).

Si bien los eventos y funciones son gratuitos para el público, no hay una remuneración a los artistas que forman parte de la programación. Todo se realiza “a pulmón” como si fueran espacios autogestionados. En ese marco, el Centro Cultural del Sur y el Centro Cultural Plaza Defensa son los dos espacios que actualmente se encuentran en la situación más crítica:

El Centro Cultural del Sur, está a un paso de su clausura ya que, en teoría, no cuenta con las condiciones propicias para la “habilitación” (recordemos que aún, y a pesar de la tragedia de Cromagnón, no existe una legislación que permita la habilitación de los centros culturales de la ciudad).

Su auditorio ha sido clausurado preventivamente, sin fecha de inicio de obra. Fue desmantelada la Orquesta Juvenil, conformada por 100 jóvenes, que funcionaba en ese espacio; recortaron parte de sus talleres y redujeron las cargas horarias de los mismos.

También redujeron y paralizaron el pago del subsidio que se otorga desde 1999 a la cooperativa “La calle de los títeres”, que tiene allí su sede y que -al no contar con el espacio del auditorio- provocó que los niños y el público que asisten a los espectáculos deban presenciarlos al aire libre en pleno invierno.
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El sábado 15 de agosto docentes, alumnos y vecinos, realizaron una “Protesta bailable”, de la que también participó Proyecto Sur, y reclamaron por una solución urgente. Pasaron por el escenario una cantidad de grupos artísticos, y hasta se organizó espontáneamente una peña “a la calle” con docentes, alumnos y vecinos. Sin embargo los funcionarios del Gobierno no respondieron al reclamo.

Por otro lado, el Centro Cultural Plaza Defensa, a partir del 17 de julio de este año, dejó de pertenecer al programa de espacios culturales para pasar a depender directamente de la Subsecretaría de Cultura. El actual Ministro de Cultura, Hernán Lombardi, reasignó ese espacio a una Asociación Civil llamada Movimiento Afrocultural, que venía reclamando un edificio propio donde funcionar. La cesión del predio implica la anulación de la programación y el funcionamiento habitual del Plaza Defensa y la reasignación de sus trabajadores a otras áreas del Ministerio. El espacio queda a cargo de la Asociación Civil para la implementación del Programa Afrocultural, pero sin los recursos para llevarlo adelante.

Proyecto Sur también participó de la jornada “Defendamos al Defensa”, realizada en su predio hace dos semanas. El traspaso del predio es incongruente e insostenible, ya que si bien“la cultura afroamericana debe ser reconocida y protegida desde un lugar de construcción e inclusión” eso no puede ser echo desde la base “de la eliminación de otro espacio referente, en cuanto a la acción social y cultural de nuestra ciudad”.

En la concepción del macrismo la cultura queda reducida a la política “festivalera” y los afichajes que anuncian que “No hay ciudad sin poesía”. El ataque contra ella es una arista más, de un gobierno cuya musa inspiradora es la codicia inmobiliaria y que sueña con hacer real la consigna de Woody Allen: acabar de una vez por todas con la cultura.

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