BALANCE Y PERSPECTIVAS DEL GOBIERNO DE EVO MORALES

Bolivia, hacia una reforma moral e institucional (Audio)

Alejandro Jasinski - De la Redacción InfoSUR

El gobierno masista de Evo Morales inauguró el pasado viernes su segundo período presidencial, tras un rotundo triunfo con casi 63% de los votos. Tendrá mayoría parlamentaria, un gabinete de ministros renovado y el enorme desafío de disponer del gobierno y del poder, para cumplir con la nueva Constitución del Estado Plurinacional y avanzar en el desarrollo social y productivo del país. Pero para ello precisará avanzar en la reforma del “viejo estado”. Para comprender qué está sucediendo en el país del Altiplano, InfoSUR mantuvo una extensa comunicación telefónica con Pablo Stefanoni, director de El Dipló boliviano, quien desde La Paz, al calor de los nuevos acontecimientos hizo un análisis de balance y perspectivas del proceso que se vive. Escuchá el reportaje.

[Foto: equipo InfoSUR desde Bolivia]

24-Ene-2010 | Tiwanaku y el discurso indigenista

Igual que cuatro años atrás, Evo Morales repitió el ceremonial de Tiwanaku, de gran contenido simbólico. En la ciudad preincaica, ubicada a unos 70 km de La Paz, el presidente aymara estuvo acompañado en la Puerta del Sol, por los amautas, especie de sabios aymaras sin influencia institucional, que legitimaron una vez más el proceso de cambio se vive en aquel país.

Según nos explicó Stefanoni, “se trata de un ritual que es en realidad una reconstrucción libre” por la carencia de datos históricos amplios y sólidos. Pero no es la primera vez que se intenta reconstruir este simbolismo indígena. “Ya la Revolución del 52 alentó el trabajo arqueológico para reconstruir una especie de épica, y partidos como Conciencia de Patria en los 90 utilizaron las ruinas preincaicas, para dar una cobertura simbólica a este proceso que ahora se ha reforzado hacia lo que llaman el ‘fin del Estado colonial’ y comienzo del Estado Plurinacional”.

Fin del “Estado Colonial” y tensión discursiva

Evo Morales es el primer presidente indígena que tiene el país, aunque no es la primera vez que desde instancias gubernamentales se confiere un lugar primordial a la “cuestión indígena”. Pero hoy más que nunca, se reivindica a estas culturas mayoritarias e históricamente excluidas, reintentando una síntesis nunca lograda entre Estado y Pueblo. De allí la insistencia en hablar de “fin del Estado Colonial”.

Pero la tensión surge al hacerse presente la otra vertiente del discurso oficialista: el aspecto político. Se trata de la discusión del modelo productivo del país. La diferencia exacta fue entre el discurso del jueves con la ceremonia del Tiwanaku y el del viernes con la asunción formal en La Paz.

El vicepresidente Álvaro García Linera hablaba en los primeros años de "capitalismo andino". Ahora, se habla de socialismo. Según cuenta Stefanoni, “hay una tensión entre el discurso etno-comunitario vinculado a la defensa de la naturaleza y el discurso más desarrollista, vinculado al carácter extractivista que tiene la economía boliviana, el imaginario del gran salto industrial. Todavía no hay un real debate sobre esta tensión.”
¿De qué se trata entonces? Para el director de El Dipló-Bolivia, “hoy se está lejos de una meta socialista, pero hay en cambio la reconstrucción de un Estado fuerte que remite más a los procesos nacionales y populares latinoamericanos de los años 50.”

Primer período de gobierno: “Cuatro años de escuela”

En su discurso en La Paz, frente a una masiva movilización y a varios mandatarios latinoamericanos, Evo Morales aseguró que los primeros años de gobierno fueron una “escuela”. ¿En qué consistió ese aprendizaje?
El periodista argentino cuenta que los primeros años estuvieron marcados por la nacionalización de los hidrocarburos y de una voluntad efectiva de reconstrucción estatal, como se observó con la puesta en marcha de una empresa estatal para la producción de alimentos que comenzó a intervenir en el mercado.

Por otro lado, fueron cuatro años de amplias políticas sociales, “limitadas pero muy eficaces en términos de reconstruir legitimidad política”. Allí se incluyen la ampliación y mejora en la Renta Dignidad para los ancianos y el bono Juancito Pinto para los niños, además de la presencia de médicos cubanos y planes de alfabetización.

Asimismo, se profundizó el “proceso de descolonización”: la reversión de estigmas en un país con una histórica exclusión de las mayorías. Nos cuenta Stefanoni que “el mayor desafío es lograr que esta primera etapa, de consolidación, tenga un efecto concreto en las condiciones de vida.”

Reforma Agraria y Cuestión Social

Las estadísticas bolivianas marcan que la pobreza alcanza a un 60% de la población, incluido un 30% en la extrema pobreza. Cifras altísimas, que sin embargo vale relativizar en Bolivia, donde las redes campo-ciudad permiten un acceso más fácil de la población a los alimentos. En este caso, el proceso de reforma agraria podría avanzar en la solución de este cuadro preocupante.
Dice Stefanoni que “en el 52 ya hubo una reforma agraria radical que redistribuyó la tierra en el Occidente, pero no en el Oriente”. De allí que los departamentos de Beni, Pando y Santa Cruz, donde se encuentran los latifundios, hayan sido zonas de bastiones opositores.
Según el periodista, la reforma no se puede concebir como en los ’50. En el Oriente, el problema es el minifundio, por lo que cabe pensar políticas de desarrollo que permitan que la gente pueda vivir con el producto que logra en el campo y no migrar a la ciudad. En cambio, en el Oriente, la reforma agraria es importante en términos de redistribución. Evo Morales repartió casi 10 millones de hectáreas –mayormente tierras fiscales- entre campesinos e indígenas y se estableció un límite en la propiedad de 5.000 has –no retroactivo-, “con lo cual la política hoy contra el latifundio está más centrada en si se cumple la función económica y social que establece la Ley Agraria y la Constitución”.

Pero no sólo se trata de distribuir la tierra, sino de avanzar en políticas de empleo y en un proyecto productivo viable que permita al país salir del rentismo histórico. “El modelo de hoy sigue siendo rentista, pero con una democratización mayor en la redistribución de la renta en un contexto de precios internacionales muy altos”, cuenta Stefanoni, para quien “la discusión de un modelo de desarrollo productivo viable sigue estando pendiente”.

Gobierno, poder y mayoría parlamentaria

Como no ocurrió en los cuatro años anteriores, el gobierno de Evo Morales dispondrá ahora de una mayoría parlamentaria, los dos tercios de las cámaras de diputados y senadores. Como dice Stefanoni, además del gobierno, Evo Morales ahora tendrá el poder. Por lo cual, el desafío es mayor, pues ya no habrá una oposición al frente que pueda obstruir el avance del proceso.

“Esto le da la posibilidad de enfrentar seriamente una reforma del Poder Judicial y medir realmente las potencialidades y limites del proceso”, dice este periodista. Sin embargo, las dificultades no son pocas, “porque el Estado boliviano sigue siendo un Estado débil, pese a haber obtenido sectores estratégicos, porque falta todavía una refundación real y formación de cuadros.”

Constitución Plurinacional y Estados Autonómicos

En el último año de este primer período presidencial, y con enormes dificultades, el gobierno masista avanzó con la Asamblea Constituyente y logró una nueva Constitución que reconoció derechos fundamentales de las naciones indígenas del país. De allí, el nacimiento de una república plurinacional.
Se trata concretamente del reconocimiento de las 36 naciones indígenas que componen Bolivia, de sus idiomas originarios como oficiales en la regiones donde se habla cada uno y de un sistema de autonomías indígenas para los municipios que así lo decidan, donde incluso se reconocerán ciertos usos y costumbres como la justicia comunitaria.

Pero la reforma más importante –nos dice Stefanoni, es la de los Estados Autonómicos: “Se deja atrás la república unitaria que caracterizó a Bolivia, por un régimen semifederal que va a dar atribuciones a los gobernadores y a los consejos departamentales que van ser una especie de parlamentos provinciales.”

Cuestión indígena y violencia étnica

La cuestión indígena en los países latinoamericanos es un tema de extrema importancia, que requiere tanta sensibilidad como complejización, a fin de no sobreestimar lo que a veces son meros recursos simbólicos.
Para Stefanoni, es conveniente matizar ciertas ideas “a veces exageradas” al hablar de “gobierno indígena”, porque tiende a generar “expectativas un poco desmesuradas” y porque “a veces se cree románticamente en la existencia de indígenas ecológicos, anticapitalistas y antimodernos, muy lejano de los indígenas reales que además son muy diversos en Bolivia.” Según Stefanoni, no es lo mismo un aymara que vive en la ciudad de El Alto, que es comerciante o transportista, que un guaraní del sudeste boliviano, que vive todavía en una hacienda en condición de casi servidumbre.

Más allá de la discusión sobre la problemática indígena, lo cierto es que Bolivia es un país donde la violencia racial existe como realidad concreta. Así se observó en los últimos años, donde –Masacre de Pando incluida- las imágenes de las persecuciones y golpizas a grupos sectores indígenas recorrieron el mundo.
Pero Stefanoni advierte que no sólo no fueron hechos generalizados, sino que “no fue un tema estrictamente racial, porque cuando en Santa Cruz, la Unión Juvenil Cruceñista perseguía a algún andino, resulta que también era alguien del MAS, entonces se mezclaba la cuestión política.”
Hasta tal punto la cuestión política resulta importante, que “paradójicamente –sostiene-, hoy sectores de la UJC que tomaron instituciones y que fueron grupos de choque de la derecha autonomista, adhieren al MAS, se sumaron al proceso de cambio y eso está ocurriendo con una posición importante del oriente del país que empieza a apoyar al oficialismo.”

Por varios años MAS

El hecho de que sectores radicalizados y violentos de la oposición se sumen al proceso de cambio resulta, a la distancia, algo complejo de entender. Y presenta además algunas desconfianzas. Parte de la respuesta, como nos cuenta Stefanoni, es que “la sensación general es que el gobierno va a durar unos 10 o 20 años más.”

Así, si una parte de la oposición huyó del país, como el ex candidato a presidente Mafred Reyes Villa, otra parte se intenta reciclar. “Esto es un desafío importante, porque trae el debate de hasta qué punto el MAS se abre a todos los que quieran ingresar y se pierden ciertas fronteras políticas que caracterizaron al proceso.”

La cuestión radica en que como nunca, Bolivia tiene hoy un liderazgo político indiscutible. “Ni siquiera en MNR en el 52 lo logró, porque entonces había una Central Obrera Boliviana que tenía mucha capacidad de presión y resistencia.” En el caso actual, ni el movimiento obrero, ni los más importantes movimientos sociales que hace cinco años estaban en la calle demandando, tienen esa capacidad. “Están los que apoyan al gobierno, por convicción o por cooptaciones que siempre existen, y los dirigentes populares que se van volviendo como es natural una especie de intermediarios entre gobierno y movimientos”, cuenta el periodista.

Ni siquiera los medios de comunicación tiene hoy un rol político importante que cumplir. El diario más importante de La Paz, La Razón, fue comprado por un grupo privado venezolano, lo que diluyó su línea editorial opositora. Aún siendo la mayoría de los medios opositores al gobierno, su influencia es bastante pequeña, como lo demostró el rotundo triunfo masista en las últimas elecciones. En definitiva, “los medios están reaccionando como toda empresa en el país que es tratar de ubicarse en el sentido de una hegemonía larga del gobierno actual”.

Oxígeno desde el gabinete de ministros

Tras la asunción del nuevo mandato, se llevó adelante una reestructuración ministerial en el gobierno. En efecto, de los 20 ministros de la primera etapa, sólo quedan seis, y no son los más importantes. ¿Cuáles son los cambios actuales?
En primer lugar, se aplica el un criterio de gabinete mixto. De los 20 ministerios, diez estarán conducidos por mujeres, entre ellos, Justicia, Trabajo, Salud, Tierra, Cultura.
En segundo lugar, hay una escasa presencia indígena. Sólo cuatro ministros tienen esa procedencia. Entre ellos, el ministro de Relaciones Exteriores, David Choquehuanca, quien acompaña a Morales desde el principio.
En tercer lugar, se fueron del gobierno ministros muy importantes de la primera etapa, entre ellos, el ministro de la Presidencia (Jefe de Gabinete), Juan Ramón Quintana; el ministro del Interior, Alfredo Rada; y el de Defensa, Walker San Miguel. Según Stefanoni, los cambios se deben a una necesidad de renovación. Si en el caso de Quintana, manifestaron sus deseos de irse; en el de Rada, su gestión fue muy cuestionada en los últimos días por la fuga del ex candidato a presidente opositor, Reyes Villa.

Reconstrucción moral e institucional

En el sentido económico, Bolivia superó bastante bien la crisis internacional, porque aunque el precio del gas bajó un poco, los precios de los minerales están muy altos. Fue en efecto la minería una importante fuente del crecimiento del PBI en la primera etapa de gobierno masista, uno de los puntos de tensión entre los discursos indigenista y desarrollista.
“El imaginario del gobierno es claramente desarrollista, de hecho se habla del gran salto industrial, de poner en marcha empresas estatales”, sostiene Stefanoni, quien agrega que “hay poca discusión sobre vías productivas posibles para insertarse en el mundo.” El modelo rentista da frutos para toda la eternidad y esto lo saben en el MAS, pero según cuenta el director de El Dipló boliviano, “por ahora sigue siendo un reparto más democrático de la renta de los recursos naturales, ahí estamos parados hoy.” 

El proceso revolucionario de 1952 llegó a su fin por motivos diferentes. Si por un lado no logró trascender el carácter extractivo y rentista de la economía, tampoco pudo construir un Estado nuevo. Por ello, el desafío actual es cómo evitar que el gobierno sea visto como una especie de botín, de un “ahora nos toca a nosotros” y no cambiar las formas con una verdadera reforma moral e institucional del Estado.
Hoy se insiste en la transparencia, al punto que fueron detenidos funcionarios involucrados en casos de corrupción, “pero todavía las reformas se hacen con el viejo Estado”, sostiene Stefanoni.

En el marco la convergencia de un cambio dificultoso del modelo económico y del proceso de reconstrucción estatal, se encuentra la clave de Bolivia para los próximos años. En un proceso donde el Estado se está empezando a hacer cargo cada vez más de mayores sectores de la economía, una reforma ética, moral e institucional, se torna de vital importancia para salir del modelo del “viejo estado”.
[Escuchá el reportaje - Audio 20]

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