[Foto: equipo InfoSUR desde Bolivia]
24-Ene-2010 |
Tiwanaku y el discurso indigenista
Igual que cuatro años atrás, Evo Morales repitió el ceremonial de Tiwanaku,
de gran contenido simbólico. En la ciudad preincaica, ubicada a unos 70
km de La Paz, el presidente aymara estuvo acompañado en la Puerta del
Sol, por los amautas, especie de sabios aymaras sin influencia
institucional, que legitimaron una vez más el proceso de cambio se vive
en aquel país.
Según nos explicó Stefanoni, “se trata de un ritual que es en realidad
una reconstrucción libre” por la carencia de datos históricos amplios y
sólidos. Pero no es la primera vez que se intenta reconstruir este
simbolismo indígena. “Ya la Revolución del 52 alentó el trabajo
arqueológico para reconstruir una especie de épica, y partidos como
Conciencia de Patria en los 90 utilizaron las ruinas preincaicas, para
dar una cobertura simbólica a este proceso que ahora se ha reforzado
hacia lo que llaman el ‘fin del Estado colonial’ y comienzo del Estado
Plurinacional”.
Fin del “Estado Colonial” y tensión discursiva
Evo Morales es el primer presidente indígena que tiene el país, aunque
no es la primera vez que desde instancias gubernamentales se confiere un lugar primordial a la “cuestión indígena”. Pero hoy más que
nunca, se reivindica a estas culturas
mayoritarias e históricamente excluidas, reintentando una síntesis nunca
lograda entre Estado y Pueblo. De allí la insistencia en hablar de “fin
del Estado Colonial”.
Pero la tensión surge al hacerse presente la otra vertiente del discurso oficialista: el aspecto político. Se trata de la discusión del modelo productivo
del país. La diferencia exacta fue entre el discurso del jueves con la
ceremonia del Tiwanaku y el del viernes con la asunción formal
en La Paz.
El vicepresidente Álvaro García Linera hablaba en los primeros años de "capitalismo andino". Ahora, se habla de socialismo. Según cuenta
Stefanoni, “hay una
tensión entre el discurso etno-comunitario vinculado a la defensa de la
naturaleza y el discurso más desarrollista, vinculado al carácter
extractivista que tiene la economía boliviana, el imaginario del gran
salto industrial. Todavía no hay un real debate sobre esta tensión.”
¿De qué se trata entonces? Para el director de El Dipló-Bolivia, “hoy se está lejos de una
meta socialista, pero hay en cambio la reconstrucción de un Estado fuerte
que remite más a los procesos nacionales y populares latinoamericanos
de los años 50.”
Primer período de gobierno: “Cuatro años de escuela”
En su discurso en La Paz, frente a una masiva movilización y a varios
mandatarios latinoamericanos, Evo Morales aseguró que los primeros años
de gobierno fueron una “escuela”. ¿En qué consistió ese aprendizaje?
El
periodista argentino cuenta que los primeros años estuvieron marcados
por la nacionalización de los hidrocarburos y de una voluntad efectiva
de reconstrucción estatal, como se observó con la puesta en marcha de
una empresa estatal para la producción de alimentos que comenzó a
intervenir en el mercado.
Por otro lado, fueron cuatro años de amplias políticas sociales,
“limitadas pero muy eficaces en términos de reconstruir legitimidad
política”. Allí se incluyen la ampliación y mejora en la Renta Dignidad
para los ancianos y el bono Juancito Pinto para los niños, además de la
presencia de médicos cubanos y planes de alfabetización.
Asimismo, se profundizó el “proceso de descolonización”: la reversión
de estigmas en un país con una histórica exclusión de las mayorías. Nos
cuenta Stefanoni que “el mayor desafío es lograr que esta primera
etapa, de consolidación, tenga un efecto concreto en las condiciones de
vida.”
Reforma Agraria y Cuestión Social
Las estadísticas bolivianas marcan que la pobreza alcanza a un 60% de
la población, incluido un 30% en la extrema pobreza. Cifras altísimas,
que sin embargo vale relativizar en Bolivia, donde las redes
campo-ciudad permiten un acceso más fácil de la población a los
alimentos. En este caso, el proceso de reforma agraria podría avanzar en la
solución de este cuadro preocupante.
Dice Stefanoni que “en el 52 ya
hubo una reforma agraria radical que redistribuyó la tierra en el
Occidente, pero no en el Oriente”. De allí que los departamentos de
Beni, Pando y Santa Cruz, donde se encuentran los latifundios, hayan
sido zonas de bastiones opositores.
Según el periodista, la reforma no
se puede concebir como en los ’50. En el Oriente, el problema es el
minifundio, por lo que cabe pensar políticas de desarrollo que permitan
que la gente pueda vivir con el producto que logra en el campo y no
migrar a la ciudad. En cambio, en el Oriente, la reforma agraria es
importante en términos de redistribución. Evo Morales repartió casi 10
millones de hectáreas –mayormente tierras fiscales- entre campesinos e
indígenas y se estableció un límite en la propiedad de 5.000 has –no
retroactivo-, “con lo cual la política hoy contra el latifundio está
más centrada en si se cumple la función económica y social que
establece la Ley Agraria y la Constitución”.
Pero no sólo se trata de distribuir la tierra, sino de avanzar en
políticas de empleo y en un proyecto productivo viable que permita al
país salir del rentismo histórico. “El modelo de hoy sigue siendo
rentista, pero con una democratización mayor en la redistribución de la
renta en un contexto de precios internacionales muy altos”, cuenta
Stefanoni, para quien “la discusión de un modelo de desarrollo
productivo viable sigue estando pendiente”.
Gobierno, poder y mayoría parlamentaria
Como no ocurrió en los cuatro años anteriores, el gobierno de Evo
Morales dispondrá ahora de una mayoría parlamentaria, los dos tercios
de las cámaras de diputados y senadores. Como dice Stefanoni, además
del gobierno, Evo Morales ahora tendrá el poder. Por lo cual, el desafío es mayor,
pues ya no habrá una oposición al frente que pueda obstruir el avance
del proceso.
“Esto le da la posibilidad de enfrentar seriamente una reforma del
Poder Judicial y medir realmente las potencialidades y limites del
proceso”, dice este periodista. Sin embargo, las dificultades no son
pocas, “porque el Estado boliviano sigue siendo un Estado débil, pese a
haber obtenido sectores estratégicos, porque falta todavía una
refundación real y formación de cuadros.”
Constitución Plurinacional y Estados Autonómicos
En el último año de este primer período presidencial, y con enormes
dificultades, el gobierno masista avanzó con la Asamblea Constituyente
y logró una nueva Constitución que reconoció derechos fundamentales de
las naciones indígenas del país. De allí, el nacimiento de una
república plurinacional.
Se trata concretamente del reconocimiento de
las 36 naciones indígenas que componen Bolivia, de sus idiomas
originarios como oficiales en la regiones donde se habla cada uno y de
un sistema de autonomías indígenas para los municipios que así lo
decidan, donde incluso se reconocerán ciertos usos y costumbres como la
justicia comunitaria.
Pero la reforma más importante –nos dice Stefanoni, es la de los
Estados Autonómicos: “Se deja atrás la república unitaria que
caracterizó a Bolivia, por un régimen semifederal que va a dar
atribuciones a los gobernadores y a los consejos departamentales que
van ser una especie de parlamentos provinciales.”
Cuestión indígena y violencia étnica
La cuestión indígena en los países latinoamericanos es un tema de
extrema importancia, que requiere tanta sensibilidad como
complejización, a fin de no sobreestimar lo que a veces son meros
recursos simbólicos.
Para Stefanoni, es conveniente matizar ciertas
ideas “a veces exageradas” al hablar de “gobierno indígena”, porque
tiende a generar “expectativas un poco desmesuradas” y porque “a veces
se cree románticamente en la existencia de indígenas ecológicos,
anticapitalistas y antimodernos, muy lejano de los indígenas reales que
además son muy diversos en Bolivia.” Según Stefanoni, no es lo mismo un
aymara que vive en la ciudad de El Alto, que es comerciante o
transportista, que un guaraní del sudeste boliviano, que vive todavía
en una hacienda en condición de casi servidumbre.
Más allá de la discusión sobre la problemática indígena, lo cierto es
que Bolivia es un país donde la violencia racial existe como realidad
concreta. Así se observó en los últimos años, donde –Masacre de Pando
incluida- las imágenes de las persecuciones y golpizas a grupos
sectores indígenas recorrieron el mundo.
Pero Stefanoni advierte que no
sólo no fueron hechos generalizados, sino que “no fue un tema
estrictamente racial, porque cuando en Santa Cruz, la Unión Juvenil
Cruceñista perseguía a algún andino, resulta que también era alguien
del MAS, entonces se mezclaba la cuestión política.”
Hasta tal punto la
cuestión política resulta importante, que “paradójicamente –sostiene-,
hoy sectores de la UJC que tomaron instituciones y que fueron grupos de
choque de la derecha autonomista, adhieren al MAS, se sumaron al
proceso de cambio y eso está ocurriendo con una posición importante del
oriente del país que empieza a apoyar al oficialismo.”
Por varios años MAS
El hecho de que sectores radicalizados y violentos de la oposición se
sumen al proceso de cambio resulta, a la distancia, algo complejo de
entender. Y presenta además algunas desconfianzas. Parte de la
respuesta, como nos cuenta Stefanoni, es que “la sensación general es
que el gobierno va a durar unos 10 o 20 años más.”
Así, si una parte de la oposición huyó del país, como el ex candidato a
presidente Mafred Reyes Villa, otra parte se intenta reciclar. “Esto es
un desafío importante, porque trae el debate de hasta qué punto el MAS
se abre a todos los que quieran ingresar y se pierden ciertas fronteras
políticas que caracterizaron al proceso.”
La cuestión radica en que como nunca, Bolivia tiene hoy un liderazgo
político indiscutible. “Ni siquiera en MNR en el 52 lo logró, porque
entonces había una Central Obrera Boliviana que tenía mucha capacidad
de presión y resistencia.” En el caso actual, ni el movimiento obrero,
ni los más importantes movimientos sociales que hace cinco años estaban
en la calle demandando, tienen esa capacidad. “Están los que apoyan al
gobierno, por convicción o por cooptaciones que siempre existen, y los
dirigentes populares que se van volviendo como es natural una especie
de intermediarios entre gobierno y movimientos”, cuenta el periodista.
Ni siquiera los medios de comunicación tiene hoy un rol político
importante que cumplir. El diario más importante de La Paz, La Razón,
fue comprado por un grupo privado venezolano, lo que diluyó su línea
editorial opositora. Aún siendo la mayoría de los medios opositores al
gobierno, su influencia es bastante pequeña, como lo demostró el
rotundo triunfo masista en las últimas elecciones. En definitiva, “los
medios están reaccionando como toda empresa en el país que es tratar de
ubicarse en el sentido de una hegemonía larga del gobierno actual”.
Oxígeno desde el gabinete de ministros
Tras la asunción del nuevo mandato, se llevó adelante una
reestructuración ministerial en el gobierno. En efecto, de los 20
ministros de la primera etapa, sólo quedan seis, y no son los más
importantes. ¿Cuáles son los cambios actuales?
En primer lugar, se
aplica el un criterio de gabinete mixto. De los 20 ministerios, diez
estarán conducidos por mujeres, entre ellos, Justicia, Trabajo, Salud,
Tierra, Cultura.
En segundo lugar, hay una escasa presencia indígena.
Sólo cuatro ministros tienen esa procedencia. Entre ellos, el ministro
de Relaciones Exteriores, David Choquehuanca, quien acompaña a Morales
desde el principio.
En tercer lugar, se fueron del gobierno ministros
muy importantes de la primera etapa, entre ellos, el ministro de la
Presidencia (Jefe de Gabinete), Juan Ramón Quintana; el ministro del
Interior, Alfredo Rada; y el de Defensa, Walker San Miguel. Según
Stefanoni, los cambios se deben a una necesidad de renovación. Si en el
caso de Quintana, manifestaron sus deseos de irse; en el de Rada, su
gestión fue muy cuestionada en los últimos días por la fuga del ex
candidato a presidente opositor, Reyes Villa.
Reconstrucción moral e institucional
En el sentido económico, Bolivia superó bastante bien la crisis
internacional, porque aunque el precio del gas bajó un poco, los
precios de los minerales están muy altos. Fue en efecto la minería una importante
fuente del crecimiento del PBI en la primera etapa de gobierno masista,
uno de los puntos de tensión entre los discursos indigenista y
desarrollista.
“El imaginario del gobierno es claramente desarrollista,
de hecho se habla del gran salto industrial, de poner en marcha
empresas estatales”, sostiene Stefanoni, quien agrega que “hay poca
discusión sobre vías productivas posibles para insertarse en el mundo.”
El modelo rentista da frutos para toda la eternidad y esto lo saben en
el MAS, pero según cuenta el director de El Dipló boliviano, “por ahora
sigue siendo un reparto más democrático de la renta de los recursos
naturales, ahí estamos parados hoy.”
El proceso revolucionario de 1952 llegó a su fin por motivos
diferentes. Si por un lado no logró trascender el carácter extractivo y
rentista de la economía, tampoco pudo construir un Estado nuevo. Por
ello, el desafío actual es cómo evitar que el gobierno sea visto como
una especie de botín, de un “ahora nos toca a nosotros” y no cambiar
las formas con una verdadera reforma moral e institucional del Estado.
Hoy se insiste en la transparencia, al punto que fueron detenidos
funcionarios involucrados en casos de corrupción, “pero todavía las
reformas se hacen con el viejo Estado”, sostiene Stefanoni.
En el marco la convergencia de un cambio dificultoso del modelo
económico y del proceso de reconstrucción estatal, se encuentra la
clave de Bolivia para los próximos años. En un proceso donde el Estado
se está empezando a hacer cargo cada vez más de mayores sectores de la
economía, una reforma ética, moral e institucional, se torna de vital
importancia para salir del modelo del “viejo estado”.
[
Escuchá el reportaje - Audio 20]